Una visita al planetario

 


 

Otra vez fuimos al Planetario, visita obligada de todos los escolares montevideanos por lo menos, y lugar frecuentado hasta el hastío por generaciones de maestros. Como dije, Norma y Raquel eran jóvenes y supongo que no era la primera vez que iban al lugar, dicho sea esto en descargo de lo que  ocurrió.

Llegamos, nos sentamos y se apagaron las luces. Comenzó a hablar la guía desde su estrado. Una mujer vieja y estirada. De unos cuarenta años o aún màs... En el artificial cielo nocturno se desplegó la constelación de Escorpio, luego la del Cazador y así sucesivamente. En un momento dado surgió una pregunta:

“...que Ustedes por ser chicos no pueden contestar, pero sus maestras si... verdad maestras?”. Silencio. Verdad, maestras? . Nada. Maestras !?. Ni una palabra. “Pero: será posible que estos chicos estén solos... a ver, prendan las luces!”.

 Yo había visto que estaban durmiendo, con las piernas estiradas y los pies apoyados en las butacas, desde que se habían apagado las luces, pero tenía nueve años y algo de miedo a la vieja que preguntaba. Entre todos empezamos a llamarlas y cuando las luces se encendieron habían recuperado el sentido lo suficiente para decir que no habían escuchado la pregunta...

   “¡Ah!” dijo la vieja, y siguió con Alfa Centauro.

 

 

 
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Anécdota de Hugo Diverio, Octubre de 2008.

Otras anécdotas de Hugo:

1) Norma.

2) Norma 2.

3) Marina y los cuadernos de sexto.

4) Los ojos de Irene.

5) El Director en la clase.


 

 
 
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