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El perseverante
Esto no es exactamente una anécdota, es una breve historia, que espero sirva de ejemplo a muchos.
Como todos sabemos las historias tienen múltiples puntos de vista que varían de acuerdo a quién las cuente. Esta comienza hace 44 años dentro de un auto en el que yo dormía muy cómodamente en su asiento trasero. Era de mañana muy temprano, estaba saliendo el sol y el auto se paró, unos niños de túnica muy blanca y moña azul se sentaron al lado mío, tenían cara de japoneses, así que pensé que era parte de un sueño y seguí durmiendo. Al rato el auto se paro de nuevo, llegamos a un lugar muy grande donde había otros niños y también estaban los "orientales" (nada más oriental que un uruguayo con cara de japonés) parados junto a mi. Es justo aquí donde tiene inicio este periplo, algo que nunca hubiese imaginado y que quizás nadie sea capaz de planear.
Antes de continuar, quiero aclarar que yo seguía con mucho sueño y quería dormir más, como había hecho todos los días de mi vida hasta ese momento. En fin... en el lugar además de niños con túnica y moña, había gente muy alta también de túnica, algunas blancas otras azules. Estos individuos se transformaron en los causantes de una serie de eventos que hacen a esta historia. Parece que ellos tenían algún “problema” con los niños, ya que no nos podían ver quietos y mucho menos dormidos, siempre tenían que ponernos a hacer algo.
A modo de ejemplo les cuento de uno petizo canoso, que hablaba con un acento brasilero, ese siempre que te veía te manda a trabajar.
- ¡Gurí, agarrá unos baldes y anda a regar los limoneros en la chacra, ojo con el tajamar que está profundo!
Sino era eso, te decía...
-Alumno, hay que sacar los yuyos de la quinta y de los almácigos, ¡vaya! o
-¡Prenda la bomba y lave los chiqueros! o
-Agarre un pedazo de vidrio roto de ese balde y lije ese banco.
Había otro que estaba casi siempre lleno de barro, medio pelado de bigote, también tenía el mismo problema...
- Alumno agarre ese palo y revuelva la pileta hasta que este bien mezclado el barro con el agua.
Otro nos tenían de "peones" haciéndole mandados, cargándole de todo un poco, sobretodo una escalera de madera enorme, con la que él andaba todo el día, o llevarle los destornilladores y la pinza... a sí, ese era un moreno enorme, que lo parió... como pesaba la escalera.
Infaltable una señora que primero te metía en un cuartito lleno de cosas ricas, …caramelos, galletitas, malta, que por supuesto no podías probar, y te decía...
Bueno primero cuenten las galletitas, las anotan en el cuaderno y salen a vender.
Ni en el recreo te dejaban en paz, había que trabajar todo el día...
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Carta leida por la Maestra Anamaría Arjona en el segundo encuentro de anécdotas de agosto de 2008.
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Otro un flaco de barba y bigote alto con una voz muy grave, que te ponía a cargar “fierros” o a hacer bloques de cemento, porque él quería construir unos salones y encima te gritaba….
- “¡A ver esos tontos de la galería!”.
Pero estos no eran los peores, el petizo me hizo un carrito de madera para que yo pudiera llevar a mi perro, yo lo enganchaba de la bicicleta, subía el perro y andaba por todos lados. El "viejo embarrado" me dejaba hacer muñecos y otras cosas. La “señora del cuartito”, los viernes después del recreo nos dejaba comer las galletitas rotas que no podíamos vender. El moreno junto con otro de barba, más joven que el de los bloques, me dejaban poner, en los recreos, música en un tocadiscos y yo escuchaba a Serrat, Bach, Viglietti, Zitarroza, Totem, Los Olimareños, Aguaviva, Vivaldi, Beethoven y los que más me gustaban, unos peludos con cerquillo como tenía yo, que se llamaban "Los Beatles".
Pero había uno flaco de lentes que nunca imaginé me haría trabajar hasta el día hoy. Empezó por hacerme imprimir miles de papeles con un aparato que se le ponía tinta negra con un pomo enorme, te ensuciabas todo y la tinta no salía con nada, fueron como 8 años haciendo eso. También me hacía pintar carteles y recortar letras en cartulina para poner frases cuando había una fiesta. Obviamente a la fiesta llegaba tan cansado que me acostaba a dormir escondido entre los bancos de algún salón para que no me hicieran trabajar más.
Cuando salí de esa etapa de túnica blanca, pensé que me había liberado de todo eso, pero estaba muy equivocado, este tipo además de los trabajos anteriores me hacía dibujar unos mapas enormes de Egipto, el Imperio Romano, Grecia, esto duró un par de años, después me fui de ese lugar para seguir con mi vida en medio de la urbe capitalina.
Entonces pensé... ¡ahora sí me liberé de éste tipo!, pero una vez más le erré. Durante meses tuve que hacer cola junto a un montón de gente alrededor de un estadio redondo, para llevarle comida, ropa, etc. Mientras tanto él, junto a algunos de los que antes mencioné, se dedicaba a escribir, leer, dormir y jugar a las cartas. Como a los 8 meses se fue del estadio y ya no tuve que ir más, así que retomé una vez más mi vida.
Pasaron unos años sin tener que hacer cosas para él, hasta que un día apareció por mi casa y le dijo a mi padre que necesitaba que yo le hiciera unos trabajos en un estudio junto con un pintor. El pintor era otro pelado pero con barba... ¡esto de trabajarle se hacía interminable! Al poco tiempo él se fue del estudio a una imprenta y como era de esperar no paso mucho sin que yo tuviera que ir a hacer el trabajo de él una vez más.
Así que pensé... tengo que encontrar un nuevo rumbo, junté unos pesos y me fui al otro lado del mundo por un par de años, de esta manera lo despistaría.
De regreso en Uruguay, tengo la suerte de cruzármelo nuevamente y como era de esperar me hizo trabajar una vez más. Esta vez, por 6 años, pegando letras y haciendo dibujos para imprentas, diarios, libros, afiches, empresas, etc.
Tuve que pensar una nueva estrategia, así que decidí comprarme una computadora personal, era algo que recién se había inventado. Me dije a mi mismo: jaja... lo jodí de esto no entiende nada, así que no me va poder hacer trabajar...
Él me mando a comprar la PC con un amigo, un petizo que ahora vendía esas cosas de computación, pero que antes de dedicaba a la física.
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Pero como era de esperar una vez más el jodido fui yo, porque esta vez no vino él, primero me mando al hijo mayor y después al del medio, así que ahora mi nueva tarea era criarle los hijos.... Por suerte sus hijos crecieron bastante rápido y me liberaron de esa responsabilidad, pero no así este fulano, que cada vez que se mete en algo me hace trabajar con él hasta el día de hoy. Si esto no es un hombre perseverante no entiendo el significado de esa palabra.
Pero como les decía al comienzo quiero que esto quede como ejemplo, ya que soy un privilegiado al tener por 44 años a Washington Algaré a mi lado. Que alguien sea tan generoso de darme tanto de él y de su familia, es algo que todos deberían poder vivir. Este hombre construyó gran parte de lo que soy, fue mi maestro, mi profesor, mi socio, ¡y siempre ha sido mi amigo y hermano!
Washington y miles de cosas más hacen que Villa García no sea sólo 10 años de escuela y liceo para mí. Son 44 años de una increíble familia, de la que mi familia de sangre es parte, pero que esté mágico lugar trasformó en un sola cosa.
Quiero agradecer a todos los que ayudaron a convertirme en “un hombre libre"; … Célica R. de Rodíguez, Ana Arjona, María Rosa Sansone, Gladys Escalante, José Pedro Martínez Matonte, Carlos Guimaraens, el Bebe Collazo, Carlos Cabrera, Miguel Rodríguez, María Teresa Pioli, la "Negra" Amanda, el "Mono" Correa, Carlos Pazos, Schubert Gallo y muchos más.
Pero esta historia no termina aquí, ni ahora, porque seguiré siempre junto a ellos, aunque me hagan trabajar.
Hasta dentro de un rato...
Besos Bebe.
PD: Lo del “un niño responsable” no se si se los cumplí, y a mis compañeros de viaje “orientales” los perdí en las Lomas de Pando junto con sus famosas manzanas y unas enormes lechugas hace muchos años. |
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