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Villa Garcia
y los siete millones
Pero Villa García rechazó la donación. Aunque hacerlo significaba renunciar a la realización inmediata de una ilusión que había nacido hace dieciocho años. Aunque significaba volver a poner los pies sobre la tierra, contabilizar únicamente las buenas voluntades, el amor sin correlación bancaria, el entusiasmo que puede muchas cosas, menos comprar tractores que cuestan 800.000 peses.
¿Por qué?, ¿por qué? Mientras me acercaba al kilómetro 21, los niños que había recogido en el auto con el fin de acercarlos a la Escuela intentaban dar una respuesta a esta pregunta.
–Mi papá no quiere que la Escuela se quede con la plata… por algún problema.
–¿Qué problema?
–Yo no sé, pero si hay un problema, dice, lo primero vienen y se llevan al Director, y eso es mucho atraso.
–¿Y ustedes habrían aceptado el dinero?
La respuesta fue tan ruidosa y violenta que tuve que detener el auto. Lo de llevarse al Director parecía una posibilidad demasiado lejana para que pudiera contar. Todos optaban por el dinero. Pero, ¿para qué?, ¿qué piensan hacer con él? "Para riego de la huerta". "Terminar los salones del liceo". "Comprar máquinas". ¿Máquinas, qué máquinas? "Para la huerta". "Para los talleres". "Máquinas de escribir a máquina", dijo una morochita de trenzas. ¿Cuándo llegues a grande vas a ser secretaria? "No, cuando llegue a grande voy a casarme".
Frente a la Escuela, unos trescientos niños reunidos en grupo alrededor de varias maestras se disponían a entrar. Un flaco alto, cuarenta años, que trajo a mi memoria al John Corradine de Viñas de ira, hablaba alternativamente con maestras y niños. Se trataba de José Pedro Martínez, el Director. Cuando me acerqué y le expuse mis pretensiones de saber sobre la donación y su rechazo, me miró con un aire entre cansado y escéptico que podía haber titulado "¿Más periodistas?".
Sin responderme a mi pregunta empezó a mostrarme la Escuela.
–En este salón comen quinientos niños en dos turnos. Buena comida –dijo señalando un plato con arroz y huevos duros–. Se quedan no solamente los niños que soportan una situación económica difícil, sino todos los que quieren quedarse.
–¿Quién paga esto?
–Comedores Escolares.
–Veo que en casi todos los salones de clase hay dos maestras. ¿Por qué?
–Falta de espacio… En casa salón funcionan dos clases.
–La donación les hubiera venido muy bien, ¿no? ¿Por qué la rechazaron?
Volvió a sonreír.
–Antes de que se vaya le voy a entregar el comunicado que hicimos para la prensa. Venga, le voy a mostrar los salones nuevos casi terminados. Fueron construidos por padres de alumnos. Cuando un padre ayuda con sus manos a levantar el salón de clase de su hijo, siente verdaderamente la Escuela como suya.
De lejos, me mostró la chacra.
–Antes de quince días vamos a estar nadando en tomates.
–¿Tienen riego?
–Está entre nuestras aspiraciones más caras… Sí, ya sé…, con los siete millones… No se impaciente, usted quiere hablar de los millones, yo quiero hablar de la Escuela.
–¿Dónde están los túneles de los que habló un diario hace alrededor de un año?
–Sí, los "túneles de conspiración".
–Creo que se refewrían al corredor que une los tres salones que usted acaba de ver. "Túnel", porque está un poco por debajo del nivel del suelo.
–Y… ¿de conspiración?
–Eso ya corre por cuenta de la imaginación de sus colegas.
–¿Al rechazar la donación buscaban curarse en salud?
–El rechazo no lo resolví yo solo.
–Entonces… ¿digo que buscaban curarse en salud?
–Respecto a la donación diga sólo lo que va a leer en el comunicado que hicimos para la prensa. Aquí lo tiene. Cuando deje de afanarse por los siete millones y se interese por esta experiencia que estamos haciendo hace dieciocho años, vuelva, dijo con su acento de hombre de campo, sus ojos a menudo empequeñecidos por una sonrisa burlona.
La declaración que la Comisión de Fomento de la Escuela había redactado se extendía a una página y media. Eran sólo dos frases, sin embargo, las que resumían el fundamento del rechazo. La primera: "…Debido al giro de los acontecimientos y la aparente notoria vinculación entre la donación y el hecho que pone en juego la libertad de un hombre, esta Comisión, que no juega con lo que son principios esenciales y que ha condenado siempre la privación de libertad de un hombre –por razones políticas– cualquiera sea su forma, lugar y extracción social, resuelve que de conformarse esas versiones y no obstante la notoria necesidad de esos recursos, sea rechazada la donación",
Este primer concepto no incitaba a un análisis muy especial. Es difícil imaginarse a una comisión de fomento escolar conduciéndose de manera diferente a ésta. Cabría hacer notar que la Comisión aprovechó la oportunidad para condenar otras privaciones de libertad, tan graves a sus ojos como la que provocaba el rechazo de la donación. El otro concepto que fundamentaba el rechazo era bastante menos claro: "…Habiendo obtenido elementos que evidencian una clara demostración de que lo establecido en la carta de los donantes va más allá de un simple y generoso donativo, y se constituye en un burdo engaño a esta Comisión y muy especialmente en la persona de nuestro Presidente, se resuelve: el rechazo definitivo de esta donación".
La frase "burdo engaño", con la cual la declaración de la Comisión de Fomento englobaba la conducta de los donantes, aparecía un poco inexplicable. ¿Con este calificativo querían señalar que los donantes habían mentido ocultando los móviles de la donación? ¿La calificación se refería simplemente a ese aspecto de su conducta? Esta deducción me parecía muy lógica, ya que los donantes habían hablado en su oportunidad de "facilitar el rescate".
Varias y sucesivas charlas con maestras y vecinos terminaron por echar alguna luz sobre el sentido de la frase. Una maestra acabó por decirme después de media hora de confusas explicaciones:
–Mire, voy a ser bien clarita con usted. Cuando me enteré de la donación, lo primero que pensé fue: esto es una carnada que el candidato no se va a tragar porque no traga carnadas.
–¿Quién es el candidato?
–El Director de la Escuela, por supuesto.
–¿Y por qué piensa que hay gente que quiere hacerle tragar carnadas?
–Porque ya no saben cómo hacer para pescarlo en algo. Fíjese, el 18 de abril el hombre estaba ahí, tranquilo, tomando mate, y se lo llevaron… y lo tuvieron veinticuatro horas.
–¿De qué lo acusaban?
–Lo llevaron en averiguaciones, porque no entienden que los profesores del liceo trabajen gratis, no entienden que las maestras hagan más horas que las que marca el reglamento, no entienden que los padres vengan gratis a trabajar con un pico o una cuchara de albañil… Y como no entienden, atrás de todo ven misterios.
–Usted dice que lo que los donantes ofrecían era una carnada. ¿Si se trataba de una carnada, quiere decir que ellos la habían armado toda, desde el principio? ¿Entonces los secuestradores no tendrían nada que ver con la cosa?
–No, los secuestradores, según creo, habrían impuesto una condición genérica, pienso que podrían haber dicho "donación a una escuela". Y los donantes habrían elegido ésta. Después no hubiera sido difícil comprometernos hablando de vinculaciones, ¿no le parece lógico lo que digo?
–Yo, de afuera, no lo veo lógico. No me imagino a esos dos señores preocupados por incriminar a una escuela en el momento en que están zambullidos en una operación de rescate. Sin embargo, veo lógico que ustedes desconfiaran y se defendieran…, dados los antecedentes, …el sumario, por ejemplo, como consecuencia de lo ocurrido en junio del año pasado.
–¿Usted sabe cómo terminó ese sumario?
–Pienso que terminó bien, ya que el Director sigue en su cargo.
–Sí, terminó bien… y con una frase de antología: "No se ha podido probar que José Pedro Martínez Matonte hiciera proselitismo político, pero la adhesión y el afecto de los que lo rodean hacen de él una persona peligrosa…" Ya ve, eso lo dijo el sumariante.
–Según usted, entonces, en ningún momento los secuestradores habrían señalado a esta Escuela como beneficiaria de la donación…
–No, los secuestradores tendrían que haber sido idiotas… Si lo que buscaban era beneficiarnos, no podían ponernos en situación de comprometernos.
En una casa cercana a la Escuela, haciendo visera con la mano para protegerse del sol, el Presidente de la Comisión de Fomento, rostro profundamente grabado por más de setenta años de lluvia, sol y viento, me miraba con la evidente satisfacción de alguien que se dio el lujo de rechazar siete millones.
–Y tanto que lo precisaba la Escuela, ¿no?
–Imagínese, vivimos acarreando agua en latitas para la huerta, las clases funcionan de a dos en los salones… Cuando vinieron los señores del cheque, quedamos con la boca abierta…, acostumbrados como estamos al vintencito… Pero cuando la limosna es grande, hasta el pobre… ¿no? Si hubieran sido setenta mil…, pero siete millones…
–¿Su primera actitud fue de desconfianza?
–Sí.
–¿Por qué?
–Me pedían "un poco de reserva".
–Sí…una pide reserva o no pide… eso de "un poco"…, ¿no le parece?
–No sé. Todo muy misterioso y hasta…
–¿Peligroso…?
–Y…, sí.
–¿Cuál podría haber sido el peligro?
–Y…, ya ve que en seguida se hizo bajar al Director a la Jefatura. No valen los siete millones las complicaciones que nos hubiéramos echado encima.
Consejero Presidente del CNEPYN: Dr.Schiaffarino
Inspector de zona: Corredera Marabotto
Miembros de la Comisión Fomento: Presidente: Don José Pepe Larroque, Vocales: Falco y Baltasar Prieto.
Comisario: Otero.
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María Esther Gilio
Semanario Marcha, Nº 1.471,
21 de noviembre de 1969
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